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Cuando se embarcó en un vuelo a Argentina para una reunión de negocios en abril, María Fernanda Teixeira, quien recientemente había sido nombrada presidenta para Brasil y directora de operaciones para América Latina de la estadounidense First Data, no eliminó de su apretada agenda una de sus predilecciones: parar a almorzar a su restaurante favorito de Buenos Aires. Tenía fresco en su mente el desafío que había asumido hace poco: en dos años cuadruplicar el tamaño en Brasil de la empresa de servicios de procesamiento de pagos para comercio electrónico, que en 2008 facturó en todo el mundo unos US$ 8.800 millones. Aun así, mantuvo su máxima de equilibrar la apretada agenda de trabajo. "Hay siempre que buscar que las cosas no se transformen en una carga", dice.
Ésa es la parte más relajada, pero no menos disciplinada de la filosofía que llevó a María Fernanda a diseñar un currículum envidiable. Para entrar a First Data abandonó otra presidencia, la del Grupo ICT en América Latina, donde llegó después de haber ocupado la vicepresidencia de operaciones en América Latina de otra multinacional, Electronic Data Systems (EDS). "Tenía este sueño desde pequeña de ser una ejecutiva, que fui uniendo a mi experiencia profesional que desde el principio fue en tecnología", cuenta, refiriéndose a su primer empleo formal a los 17 años, en el área de procesamiento de datos de GM. "Nunca estoy satisfecha con lo que sé, y creo que eso crea oportunidades".
Pero esta ejecutiva sabe que la determinación no basta dentro del reducido mundo de mujeres que llegan alto en su trayectoria profesional. Hoy, en Brasil, por ejemplo, las estadísticas muestran que las mujeres ocupan entre el 18% y 20% de las presidencias, vicepresidencias y puestos de alta dirección de grandes empresas; en Argentina, ese porcentaje es de 17%. Y en América Latina, esos dos países están lejos de ser los peores ejemplos; al contrario. Un estudio realizado por el World Economic Forum señala que Argentina es el país de la región mejor posicionado en cuanto a la reducción de las diferencias de género (ver cuadro), en el puesto 24 de 130 países. La verdad, con raras excepciones, el estudio muestra que tales desigualdades, cuando se trata de oportunidades económicas y de participación políticas, están presentes en todo el mundo.
Es una realidad que provoca desánimo al académico Carlos Arruda. Desde su puesto de coordinador del Núcleo de Innovación de la Fundación Dom Cabral, lleva cuatro años recopilando estadísticas sobre el tema. "En el curso más básico que ofrecemos, un diplomado, las mujeres son mayoría, con entre 55% y 60% de los puestos, y usualmente son los mejores alumnos; en los niveles siguientes, un MBA empresarial, dirigido a los cargos de gerencia y de dirección, los hombres son mayoría", cuenta. "Y de ahí para arriba, la historia cambia drásticamente. En el programa sénior, dirigido a vicepresidentes y presidentes, hay una mujer por cada 40 alumnos". Al constatar estos números, Arruda se propuso invitar a un grupo de estudiantes de la FDC a conversar sobre el hecho. "Y entonces comencé a observar algo interesante: a las mujeres en general no les gusta comentar este asunto. Pocas accedieron a mi invitación, y mis colegas de trabajo, profesoras y especialistas, no lo consideraron un tema relevante".
¿Vista gorda al ya tan polémico tejado de vidrio? "Creo que es un cambio que está ocurriendo de forma paulatina, porque tenemos que tener en cuenta un universo en el cual por siglos predominó el hombre. Hoy podemos ver una generación de mujeres jóvenes cada vez más dispuestas a asumir cargos de responsabilidad, hay un ambiente más positivo para ello", dice Francisca Valdés, directora del grupo Mujeres Empresarias, que agrupa a 3.200 mujeres ejecutivas, emprendedoras y empresarias. Es una visión optimista compartida por Irene Natividad, presidente del Global Summit of Women, evento anual que congrega a miles de mujeres emprendedoras en todo el mundo. "Los bancos en todas partes están prestando mayor atención a las mujeres; hay paquetes de estímulo de la economía enfocadas a ellas, porque se les reconoce la capacidad emprendedora. Y de esa forma ellas están ganando poder político, porque éste no llega sin el dinero", dice.
Inclusión competitiva
Sin embargo, para algunos especialistas esos avances no están ocurriendo a la velocidad deseada, lo que indica que la falta de un cambio cultural, tanto en las sociedades como en las corporaciones, podrá trabar un proceso que se hace cada vez más necesario. "Hoy el 50% de los alumnos universitarios son mujeres. No darles oportunidades es desperdiciar capital humano", comenta Valdés, de Mujeres Empresarias. Para Jonas Prising, presidente para las Américas de la empresa de recursos humanos Manpower, el desperdicio de capacidades puede influir directamente en la competitividad de las empresas en la sociedad. "Por un lado, las empresas necesitan ideas innovadoras. Por el otro, desde el punto de vista de los países, la baja en la población nos muestra que la disponibilidad de talentos profesionales está comenzando a escasear. Esos factores apuntan a una necesidad real de hacer que la mujer tenga un papel más activo dentro de la fuerza de trabajo", dice Prising. Y lograr el equilibrio comienza con una buena cultura corporativa. "Basta ver los casos de Suiza o países escandinavos como Noruega. La participación laboral de hombres y mujeres es equilibrada y los índices de natalidad están aumentando. Y en Italia y España, en que la participación de la mujer en el mercado de trabajo es menor que 38%, las tasas están bajando".
Sandra Yachelini, directora general de Microsoft para Argentina y Uruguay, con 20 años de experiencia en el mercado de tecnología, defiende la necesidad de políticas sólidas que favorezcan la creación de oportunidades. Pero también advierte que "esa inclusión no se debe argumentar hoy en la igualdad, sino como una defensa del talento en el personal y de las cualidades de cada género". Para ella, en el caso del sector tecnológico, es una característica que debe estar presente en cada empresa desde su nacimiento, "generando espacios más participativos, sensibles a nuevas miradas y con flexibilidad para los cambios".
"Está claro que hoy hay muchas herramientas que ayudan a adaptar el trabajo a las necesidades de las mujeres; pero todo dependerá de que las empresas abracen esas políticas y las desenvuelvan efectivamente", señala Adriana Souza, directora de marketing de Lenovo en Brasil. Desde su casa en São Paulo, desde donde estaba trabajando para conciliar su tiempo con algunos temas personales, comenta que, además de flexibilidad y políticas de evaluación de desempeño profesional, la experiencia de trabajar en una multinacional la ha hecho ganar una postura que, según ella, las mujeres a veces no tienen en la conquista de sus objetivos laborales. "No es sólo el mercado, sino toda la sociedad. Ellas hoy se están concientizando de que tienen que aprender mucho, que tienen que absorber una visión corporativa y correr tras esos objetivos", explica. "Cuando entré a IBM (que fue comprada por Lenovo en 2008) vi que tenía que aprender a navegar en ese medio, aprender la necesidad de hacer networking, no esperar que las cosas lleguen solas", dice.
Para María Fernanda, que también acumula experiencia sólo en multinacionales, el cálculo es simple. "Setenta por ciento depende de ti mismo. Tiene que partir de una decisión de hacer que las cosas ocurran", comenta. "Cuando decidí que quería ser una alta ejecutiva, no dejé de ser mujer y de tener hijos", dice, y agrega que al nacimiento de su primer hijo, hace 20 años, decidió cambiarse de casa para estar más cerca del trabajo y poder amamantar cada tres horas. "Pero hay que tener discernimiento, ver que hay momentos en que es necesario dedicarse más, olvidar los fines de semana y otros en que podrá equilibrar. Y siempre entregar más de lo que se espera de uno, para mostrar que vale la pena ser flexible". Palabra de presidenta.